miércoles, 2 de marzo de 2011

treinta y ocho

Pasábamos más tiempo en guerra que en paz, sin negar que a veces me comportaba mal. Había que llorarte para que me besaras, había que suplicarte para que me acariciaras. Es que cuando el amor se va ya no hay más remedio que dejarlo volar. AY mujer, dejame amarte bajo la noche, la luna alumbrando, el mar sereno, y nosotras en la arena.

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