viernes, 25 de marzo de 2011

setenta y tres

La herida de un hombre no es una novedad, la gente juzgará cruzando opiniones. Empiezo otro día, un par de kilómetros más, sin horizontes, sin nadie a quien le importe. Dejando mis sueños en el cuarto de cualquier motel, con la cara cubierta, con la vida revuelta. Marcaste mi vida dejándome olvidada aquí, sacrificio absurdo. Y ¿cómo recordarte ahora? No soy una señora de una conducta intachable en la vida. No soy una señora luchando y perdiendo una guerra que se hace infinita. Yo creía en tus sentimientos y vivía sólo para ti; preferiste seguir al viento, sin pensar en mi. Y qué triste se sentía, me usaste como un maniquí, una horrible aventura, una historia absurda. Dejé de ser tuya, fui de otra como fui de ti, y olvidé cómo amarte. Y ¿cómo recordarte ahora?

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