sábado, 10 de diciembre de 2011
ciento setenta y seis
Tu barca naufragó a treinta kilómetros de la costa. Orientate, nadá. Tomá aire y nadá; no te detengas. Si mirás hacia atrás recordarás que te has quedado sin nada y querrás morir ahogado. Estás solo en el mar. Nadá. ¡Nadá! Si conseguís llegar a la playa, tirate sobre la arena y descansá todo lo que necesites. ¡Sonreí! Te has salvado. Si llegaste a una isla donde te ofrecen frutas silvestres y agua de coco, comé y bebé para recobrar fuerzas. Pero si te ofrecen la hija o el hijo del jefe de la tribu como cónyugue ¡Huí! ¡Huí! ¡Huí! Necesitás analizar lo que ha pasado. Organizar tu vida. Aprender a construir una barca más sólida y navegar por aguas mansas, antes de entrar en el mar... ¡Luego elegirás bien! Si no hacés esto y te quedás con la primera compañía que te ofrecen, lo menos que puede pasar es que si se dedica a estudiar la vida de las almejas y mejillones y descubres cómo se reproducen, su presente pareja lo acusará de haber cogido con ellas.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario