jueves, 29 de diciembre de 2011
ciento ochenta y cinco
Claro, soy artesana de mi vida, pero soy tan inútil que no soy capaz de hacerme un caparazón, de acero, de marfil, de madera, ¡de lo que sea! Siempre termino trabajando con cartón. El problema es que cuando hay tormenta y el cartón es expuesto tanto tiempo a esa tormenta, se moja, se raja, se parte y, como para dar su gran final, se deshace. Y ahí voy de nuevo, como una pelotuda, a buscar una caja cualquiera a los escondites de mi habitación y me quedo hasta horas extremadamente tardes para rearmar, reconstruir, o, mejor dicho, construir OTRO caparazón que sé que en la próxima tormenta, por más mínima que sea, se va a volver a deshacer, y voy a quebrarme una vez más ante toda esta gente que no me conoce y dudo que alguna vez se hayan interesado en eso.
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1 comentario:
Y, por ahí tendrías que animarte a dejar de resistirte, dejar de armar caparazones, y aprender a disfrutar de la lluvia...
Sí, ya sé, easier said than done.
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