sábado, 10 de diciembre de 2011

ciento sesenta y cinco

Y bien, se acabaron los pretextos. Nunca más podremos decir:
-¡Por tu culpa! ¡Por tu grandísima culpa!


Llegó la hora de la verdad. Por fin sabremos si somos tan irresistibles, imprescindibles, o geniales... o sólo un par de necios, estúpidos y engreídos.

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