jueves, 29 de diciembre de 2011
ciento ochenta y cuatro
Voy por mi capítulo (mmm, esperá que me acuerde...) 17 de la primera temporada de VM. Muy divertido, muy adictivo, no puedo parar. No importa, no importa. No tiene nada que ver. No entiendo (no), no comprendo (no, eso tampoco), no puedo creer (¡esa es la expresión que buscaba!) lo falsa que es la gente. Y yo soy igual, la puta que los re mil parió a todos! Da asco, fuera de joda, y, sin embargo, sigo pensando que hay gente ahí afuera que quiere hacer la diferencia. Pero en este mundo de mierda ¿quién les cree? Es tan fácil derrumbarte estando rodeada de gente que te quiere por momentitos, por conveniencias. Quizás escribo esto porque no estoy muy cuerda, y sí, quizás sí necesito atención médica, psiquiátrica diría yo, ¡así seguro me voy a sentir mejor! Voy empezar a tener que hacer algo con mi vida, en vez de descargarme en un blog de mierda que, la verdad, ya no me sirve. Necesito más. ¿Quién soy? Nadie, un cuerpo más, un cuerpo más ocupando espacio, espacio que dentro de ¿cuanto? ¿50 años? nadie va a recordar, ni siquiera mi nombre. No entiendo la lógica de la vida, si al fin y al cabo te olvidan. ¿ENTONCES? Bue, de algo tan estúpido como la gente que me rodea, pasé a algo un poco más profundo, LA MIERDA DE VIDA QUE ME CREO SOLITA. ¡Mirá qué artesana que soy! Podría hacerme algo mucho mejor, lujos, éxito, mujeres, hombres, lo que se me venga en gana... ¿en vez de eso qué elijo? Sufrir. Porque, al fin y al cabo, es lo que me debe gustar, ¿no? Si tanto lo busco es que está en mis planes, en mis planes a futuro, en mi trabajo, en mi vida, en mi pareja, en mi nota de suicidio.
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