jueves, 19 de mayo de 2011

ciento veintidós

Me alegra tanto escuchar tus promesas mientras te alejas, saber que piensas volver algún día, cuando los sapos bailen flamenco.

Y yo te espero, 
ya ves,
aunque no entienda bien que los sapos puedan dejar de saltar y bailar lejos de su charco.

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