lunes, 13 de junio de 2011

ciento cuarenta y nueve

Tal vez no exista esa mujer con la que soñé, no exista esa persona para compartir. No sé si debo cambiar porque sigo sin tener ni una pista de esa mujer. Tal vez la culpa sea mía por ser observadora de lo que nadie mira: el amor, la fidelidad, el odio y la mentira. Me siento sola en esta vida de reencor y frialdad, en un mar de preguntas que buscan felicidad. Tal vez no volverá y se marchó sin avisar; o quizás me está esperando, llorando en el más allá.

Puede ser que yo exija demasiado; sólo quiero la mitad del dolor de todo lo que he llorado, y no vivir preocupada por esa prisa por amar. Quizás sólo la encuentre cuando deje de buscar. Ayer soñé con ella y soñé que la besaba, pero cuando desperté noté que algo me faltaba: hablo de esa persona que jamás podré mirar a los ojos, sólo la podré soñar.

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