miércoles, 17 de agosto de 2011
ciento sesenta
Y si me escucharas; si en algún momento hubieras detenido tus pies y abierto tu mente, o tus oídos, o tus ojos, no sé, y me hubieras escuchado. Si tan sólo hubieras sentido-me, hubieras vivido. Si me hubieras dejado subir a tu autobús y sentarme en el asiento más limpio con vista hacia el viento. Si tan sólo hubieras sido yo por un segundo, por la decimoquinta parte de un segundo. Si tan sólo no hubieses seguido con la cabeza erguida y con tus pasos contentos, firmes. Si tan sólo hubieses dicho mi nombre en silencio; si tan sólo me hubieses mirado en la oscuridad más oscura. Sí, tan solo, sola.
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