sábado, 30 de julio de 2011

ciento cincuenta y nueve

Al final de este puente, señor, estoy yo con la llave que cierra el amor. El varón que ha sabido querer cruzará sin temor; para el terco que no quiso amar cada vez más estrecho se hará, y, al final, el mezquino caerá en las aguas heladas del Nunca Jamás. Cruzarás la frontera de la eternidad. Temblarás de terror, el peligro alimenta el amor. Por favor, que no venga a estorbar la razón. El misterio del mundo se puede explicar; es un beso el destino final. 
Falta poco, no afloje mi amor, que el reproche y la queja son la tentación.

La brutal tentación de acusar al que no pudo amar; tengo miedo, me voy a caer. 


Te atropellan las culpas de ayer. Si eres débil jamás llegarás y caerás en las aguas del Nunca Jamás. Cruzarás la frontera de la eternidad. Aquí estás, tal vez hoy hayas vuelto a nacer. Ya sabrás la verdad de tu sueño de amor; es la luz de una estrella que ya se apagó, su fulgor es tan sólo ilusión.

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