miércoles, 13 de abril de 2011

ochenta y cuatro

"No sé. Me cautivó con sólo una mirada, con tan sólo una palabra, con tan sólo una sonrisa. ¿Es posible? Dígame que sí (POR DIOS), siento que me hundo más y más profundo donde no hay luz, donde no hay nada. "
¿La salida? No sé mujer, la vi hace un par de minutos arriba, perdoná que no te pueda ayudar, perdoná mi ignorancia, perdoná mi delirio precoz. Perdoná que bajé tan rápido.
No, no pasa nada, ya termina, ya pasa, como todo. En serio, no te preocupes que ya pasé por esto más de cien veces. Muchas más de cien veces. Si me pusiera a contar creo que llegaría a las trescientas setenta y tres. Sí, lo sé, muy específico. Llevo la cuenta, no estoy delirando. Los delirios son otra cosa. ¿Para qué sirve llevar la cuenta de las veces que ocurre? Porque es como volver a empezar, volver a nacer, como el Ave Fénix. Es rojo, sí, rojo con plumas suaves pero cortas. Revive; se prende fuego y revive. Así como yo, ya voy por la trescienta setenta y cuatro vez que vuelvo de una semilla de hierro. 
Ponete a pensarlo. ¿Ya lo estabas imaginando? Sí, yo también me imaginé quemándome en el fuego. Como el Ave Fénix, ¿vos sabes? ¿Le cuesta volar?... deberías saber que a mi también. Pero el momento te está esperando, vos no lo esperes, van a pasar trescientos setenta y cuatro días y todavía no vas a saber incinerarte. ¿Qué? ¿Dije eso? Perdoná, quise decir que no vas a saber volar. 
Sí, lo sé, soy joven para confundirme tanto, tan joven para ir tan profundo. Pero algún día voy a dejar de caer, ese día en el que vuele. ¿Te acordás que te conté del Ave Fénix? Sí, tenés que acordarte, el pájaro que se prende fuego y revive para salir volando. ¡Ah! ¿Viste? Tu memoria es como la mía, no se acuerda de lo que quiere, sino de lo que puede.
Eso juega en contra siempre, sí, lo sé. Los momentos sin ser recuerdos son como nerds adentro de su cajita; y cuando se van viviendo, se van grabando en la memoria. Después mirás al interior de la caja y te das cuenta que no tiene más nerds (más momentos para vivir, ¿me seguís?). 
No, no los chicos que leen, los nerds son pastillas. No, no para dormir. Pero podrían. 
Una vez tomé pastillas para dormir... no me levanté por tres días. ¡Tres días! Gracias a eso me perdí al amor de mi vida. Y supongo que pasó por mi puerta en esos tres días que yo dormía, porque ni antes ni después la vi. 
Es como esa frase conocida... El tren pasa sólo una vez, algo así. ¿Me ayudás? Cierto, perdoname, cierto que no me escuchas, voy a empezar a gritar. ¿Más fuerte? ¿AHORA? Buenísimo, me siento bien sabiendo que alguien escucha mis pensamientos. 
Creo que llevamos mucho tiempo hablando, y no hablamos de nada aún. No me contaste, como me prometiste, esos secretos que estaban guardados bajo llave sólo para mi. 
Entonces ¿me mentiste? ¿Cómo que recién me conocés? Si hace como 3 minutos que estamos hablando. No te entiendo, no entiendo a las mujeres.
¿La salida? No, realmente no sé, está más arriba, eso seguro. Pasa que vengo cayendo hace tanto tiempo que ya no recuerdo cuántos días hacia arriba está la salida. 
Disculpá, estoy siendo muy descortés, pero se me acaba de borrar un recuerdo de mi memoria... ¿cómo te llamabas? Ah, perdoname, pasa que mi mente se acuerda de lo que puede, es como un Ave Fénix a punto de quemarse.

1 comentario:

En busca de la felicidad dijo...

Deberías dejar de tenerle miedo a las tormentas y fascinación a los remolinos de fuego