martes, 19 de abril de 2011

ochenta y ocho

Y ahí estaba, ahí volvía a estar, sentada en la misma silla de tantas veces, mirando la pantalla que siempre le devolvía la misma imagen, pensando cómo podría seguir, cómo volver. La envolvía unas ganas locas de comer helado (raro, no le gustaba el helado); ganas que no la dejaban pensar en nada más, no la dejaban sentir, no la dejaban vivir.
Agarró el mouse e hizo un clik en el block de notas. Comenzó su escritura: "Y ahí estaba, ahí volvía a estar, sentada en la misma silla". Se detuvo. Miró a su izquierda y notó la mirada de cinco espejos. Se sentía observada: alguien, del otro lado, la estaba llamando.

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