miércoles, 29 de mayo de 2013

doscientos cincuenta y cuatro

Sin darse cuenta se fue desvaneciendo. Huyó del mundo que le causaba dolor, pánico, angustia. Su mundo seguía de color gris, pero estaba ella sola, ella y su espíritu, ella y su alma, solos. Levantó la cabeza, irguió su cuerpo y se dispuso a beber agua de aquella brillante fuente que apareció frente a sus ojos. Hundió las manos sobre el agua, las llenó de líquido, las acercó a su boca y bebió. Nada parecía más perfecto, nada parecía más fugaz. Más, necesitaba más, un poco más. Hundió, ahora no las manos, sí su cuerpo en la fuente, se hundió, bebió. Se desvaneció una vez más.
"Alma" despertó "¿dónde estás?" oyó pasos que se acercaban a ella "Alma, vas a llegar tarde al trabajo, levantate".

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