jueves, 22 de marzo de 2012

doscientos uno

Tengo que enfrentarme a mí misma y ver la realidad; entender que, por altas, las estrellas no se pueden tocar, que la luz que iluminaba ese sueño no se puede ver más, que el amor, por más enorme e intenso, un día puede acabar.

Ahora ¿qué puedo decir si ya no tengo palabras? No necesito morir para entender que es por ti que se apaga mi alma. Reconozco tu espalda; como un cobarde, te marchas.

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