miércoles, 5 de abril de 2017

trescientos catorce

Enredadas en aquel colchón, el tiempo se paraba y no había nadie, solo tú desnuda sobre mí. Yo suplicando no te vayas de aquí. Mis manos encerradas en tu piel, hablando horas sin saber de qué. No sé si fue el alcohol, o la situación, o tu forma de hacer el amor; quizás tu habitación, o nuestra pasión, o tu cuerpo enredado a mi alrededor, pero siento que mi vida es para ti.

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