martes, 17 de abril de 2012
doscientos seis
Mido 1 metro 65. Tengo un sillón marrón y roto. En mi cuarto hay unas cajas. Me gusta el almendrado. Me despierto de buen humor. Mi madre es medio terca. Nunca anduve presa, ni estuve cerca. Soy de virgo, pelo castaño. Nada tacaña. No colecciono nada. Guardo la ropa ordenada, cuando la guardo. Me aburro en Noche Buena. Si me río no hago ruido, y no hablo con la boca llena. Puedo decir que soy de pocos amigos, pero de mis enemigos no sé cuántos cosecho. Tengo los ojos lindos. Dicen que soy buena y dicen que soy mala. Fui bautizada. Nací a las 3 de la tarde, no me llevo bien con mi hermanastra. Creo en ovnis y en zombies. Uso prendas talle M. Juego con fuego, aunque el fuego me queme. Duermo boca abajo, y sin pijama aunque haga frío. De la vida yo me río, porque es corta y grata. No uso saco ni corbata, ni me gusta el protocolo. Estoy en buena compañía, pero sé cuidarme sola. Si tengo vergüenza me sube el color rojo, aunque ya no me mojo si me ataca algún miedo. No profeso ningún credo, ni me creo muy mujer todavía. Alcohólica no soy, pero a veces me emborracho. Tengo un diente que nunca me creció. Si no hay planes, improviso. Y, aunque a veces lucho, no me complico mucho, no me estanco. El que quiera celeste, ¡que mezcle azul y blanco! La filantropía no está entre mis aficiones. Tengo varias adicciones, y me hago cargo. No acepto, sin embargo, si intentan adoctrinarme; yo quiero elegir con qué veneno envenenarme. Mi padre no terminó el secundario, y manejaba un taxi. Mi madre no puede mover una mano y comenzó la facultad. No tuve legado, ni familia de linaje. Y a veces el pasado me cobra peaje. Tenía un perro que regalé y una marca en la rodilla. Tengo muchas cosquillas. Estoy trabajando en un bar hasta las 5 am. No traiciono mis principios porque eso es lo primero. Si naciste incendiario no te mueras bombero. "Nunca cuentes todo", mi abuela me decía. Y sigue viva. Y yo no puedo, aunque intento, tener todo lo que quiero. Eso me pasa por ser sincera. Pero no soy tan complicada como para huir, y quedarme aquí en silencio. Pero no soy tan simple como para no advertir que no hay tres minutos, ni hay cien palabras que me puedan definir.
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